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Incertidumbre, ¿qué venís a enseñarme?

La incertidumbre podría ser definida como la ausencia de certezas. Sin embargo, se define mejor por las presencias: presencia de ansiedad, de angustia, de miedo, de mal dormir, de un humor errático, de un malestar general que – si no lo gestionamos correctamente – puede dominar nuestra mente, nuestro corazón y hasta nuestro cuerpo.

En estos tiempos, cuando las certezas se cayeron como una torre de cartas, cuando vimos detenerse nuestra normalidad y mutar desde nuestra forma de trabajar hasta la forma en que entramos a nuestros hogares y cómo nos saludamos con el otro (cuando podemos tener contacto con otro) es importante reflexionar sobre LA INCERTIDUMBRE.

Esta palabrita se ha ganado una cierta mala fama en nuestra cultura por las sensaciones que nos provoca, porque nos gusta sentirnos seguros/as, cómodos/as, pero, sobre todo, con control sobre nuestras vidas.

El Covid19 vino a poner sobre la mesa lo frágil de nuestro mundo creado con falsas certezas y sensaciones de seguridad ilusorias. De la noche a la mañana nos estrelló en la cara que todo, absolutamente todo puede cambiar. ¿Es esto necesariamente malo o podemos encontrar en este estallido un espectro de posibilidades? Como siempre, depende de cada uno de nosotros. Depende de cómo estemos observando lo que está sucediendo y lo que nos está pasando por dentro.

El Covid19 solo vino a poner sobre la mesa una situación de antaño que tal vez no queríamos o podíamos abordar solos: que no hay certezas aún cuando hagamos de cuenta que sí las hay. Que la única certeza es el presente con valor de “presente/regalo” y que el mañana y el control son proyecciones que hacemos para sentirnos más seguros/as. ¿Necesitamos de esas proyecciones? Pues, sí, las necesitamos tanto como el valor para asumirlas como tales. Si asumimos que son deseos, anhelos y no verdades, y abrazamos a la incertidumbre junto con las ganas de que nuestras proyecciones se vuelvan verdad, posiblemente veremos en el mañana un espacio de posibilidad y no de certezas falsas o de angustias/ansiedades.

Para cerrar esta pequeña reflexión los dejo en compañía de un poema del autor portugués Fernando Pessoa que a mí me hizo mucho sentido para estos días de incertezas:

De todo quedaron tres cosas:

la certeza de que estaba siempre comenzando,

la certeza de que había que seguir

y la certeza de que sería interrumpido antes de terminar.

Hacer de la interrupción un camino nuevo,

hacer de la caída, un paso de danza,

del miedo, una escalera,

del sueño, un puente,

de la búsqueda,…un encuentro.

¡Hagámoslo!


Karen Strauss
Lic. en letras UBA
Especialista en Coaching
Socia fundadora de SÍGNICA


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